En Quito, la capital de los ecuatorianos la congestión vehicular
constituye un grave problema, en la actualidad este hecho ha crecido
fuertemente, años atrás estimando los
90, este problema no tenía mucho que decir.
Hoy en día se ve una alta cantidad de autos circulando por la ciudad, en
especial por la parte centro, lugar donde se encuentran centros comerciales,
instituciones, empresas,etc, obviamente estos son los lugares a donde los
ciudadanos más acuden, sea en sus propios autos o en los buses urbanos, por lo
tanto la cantidad de autos al reencontrarse no tienen suficiente espacio para
circular, debido a que por los mismos sitios se encuentran otros autos mal
estacionados, mismos que cortan el espacio vial y producen una gran congestión,
convirtiéndose este en un caos para la ciudadanía.
Se
estima que el crecimiento demográfico, el crecimiento del parque automotor, las
condiciones geográficas de la ciudad que limitan la expansión de la
infraestructura vial; y, la preferencia por el uso del automóvil; inciden
dramáticamente en los niveles de aforo que presenta la red vial de Quito.
Fuente (La congestión vehicular. Archivo pdf)
Pues
tenemos entendido que este problema ocasiona grandes molestias, tales como: el
ruido de los autos que aturde al oído humano, el gasto de tiempo por la
dificultad de movilización, la contaminación ambiental, entre otros.
Ante
este hecho las autoridades dicen que están trabajando para buscar soluciones a
este problema, al construir, nuevas vías, puentes, parqueaderos, y sobre todo al
estar pendientes de que las calles y vías estén en venas condiciones.
Autoridades
y ciudadanía deben trabajar juntas para dar solución a este problema, las
autoridades cumpliendo con sus propuestas y los ciudadanos tomando conciencia,
es decir, usando correctamente las vías y los lugares adecuados para circular y
para estacionar sus autos, pues de esta manera, evitarán causar problemas para
los demás como para ellos mismos, ya que tendrán más espacio para movilizarse y
sobre todo lo harán sin tomarse demasiado tiempo.
Lorena
Martínez
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